Cómo detectar si tu mascota tiene dolor
Los perros y gatos, por instinto de supervivencia, tienden a disimular el dolor en vez de mostrarlo abiertamente. En la naturaleza, un animal que se ve débil es más vulnerable. Esto hace que muchos dueños noten el problema recién cuando ya está avanzado.
Cambios de comportamiento son una de las señales más confiables: una mascota más retraída de lo habitual, que evita el contacto o el juego, o al contrario, que se vuelve más irritable o agresiva sin motivo aparente.
Cambios físicos como cojera intermitente, dificultad para subir escaleras o saltar, lamerse una zona en particular de forma repetitiva, o una postura corporal encorvada también pueden indicar dolor, especialmente articular.
En gatos, el dolor suele ser todavía más difícil de detectar: dejar de usar el arenero, esconderse más de lo habitual, o un pelaje descuidado (porque duele agacharse a acicalarse) son señales sutiles que muchas veces se atribuyen erróneamente a otra causa.
Cambios en el apetito, en los patrones de sueño, o en la forma de respirar también ameritan una consulta. Ante la duda, siempre conviene una revisión veterinaria antes que esperar a que el signo sea evidente: cuanto antes se detecta, más simple suele ser el tratamiento.